
Hay un encanto mágico alrededor de esta historia, se habla de amistad, de amor, de pasiones, del pasado. La primera versión de Cinema Paradiso es una película que logra conducir al espectador hasta un estado de emotividad completa.
La dirección de Giuseppe Tornatore es delicada, cada detalle en la película está perfectamente cuidado; y la música de Ennio Morricone es la que agrega un toque especial a la historia, ambas van de la mano, complementándose una a la otra.
Como espectador se sufre, se ríe, se vive la amistad y el amor. Es una historia que cautiva desde el principio a quien se le ponga enfrente, y por supuesto, ni qué decir del final.
En la segunda versión, Tornatore, tal vez arrastrado por el capricho o la pasión, decide dar a conocer el resto de la historia, agregándole a la edición una hora más de duración.
Con esto sólo se consigue que la emotividad del final no sea la misma, ésta se corta para dar paso a una serie de escenas en las que se deja ver un poco más sobre Salvatore y su antiguo amor. Ya nada queda a la imaginación del espectador, no hay esperanza de inventarle una solución diferente.
Lo peor de la versión es que el personaje de Alfredo sufre una caída tan fuerte que en la escena final, una de las más sensibles de la historia, se hace imposible rescatar al personaje y regresarle la emotividad que tenía.