domingo, febrero 24, 2008
Reencontrarse... reconocerse.
¿Qué es lo que uno debe sentir ante un reencuentro? Creo que ésta es una pregunta con muchas posibilidades de respuesta, pero trataré de centrarme en mis favoritas y en lo que en realidad ocurrió.
Primero, uno puede fingir demencia ante esta situación llamada "reencuentro", uno puede elegir, algunas veces, simplemente no reencontrarse; entonces, es en este punto donde la historia podría acabar.
Pero, ¿qué hay si no puede omitirse "la situación" o si en realidad uno está dispuesto a enfrentar el proceso?, uno decide ir y afrontar el evento.
Reencontrarse, después de tanto tiempo, no es algo tan simple, pues implica recordarse emocional, intelectual y físicamente en un momento determinado de la vida y, posteriormente, implica reconocerse a uno mismo en estos mismos tres puntos, tomando en cuenta lo que la vida misma ha traído consigo al paso del tiempo.
A estas alturas, ya con la decisión, a puro nivel de intención todo está muy bien, pero aún falta ver si uno será capaz de concretar el asunto.
Llega el día... los ves y entonces te das cuenta de que esto no ha acabado, "la situación" y tú están ahí. Te das cuenta de que el reconocimiento de uno mismo a penas estaba en un primer nivel, de que ahora uno no sólo debe reconocerse a sí mismo como algo aislado y como si nada hubiese influido, te das cuenta de que además necesitarás comenzar desde cero y reconocerlos también a ellos...
En realidad, el día sí llegó y decidí ir, después de casi nueve años volvería a ver a personas que en aquel momento de mi vida significaron algo para mi, algunos más algunos menos. Volvimos a vernos, sabíamos que nuestros rostros no nos resultaban extraños, pero, de igual forma, sabíamos que tampoco nos veíamos como verdaderos conocidos. El tiempo pasó y a todos nos cambió, aún a aquel que dijo que seguía siendo el mismo... el mismo de siempre.
Verse fue como volver a conocer (sí, aunque se lea raro), verse fue reconocerse.
Es un hecho... uno no se baña en el mismo río dos veces. Uno nunca será el mismo.
sábado, febrero 09, 2008
Niños y televisión

La televisión es el medio de comunicación con mayor presencia en la sociedad mexicana, según cifras del INEGI, para el año 2005, de 24,006,357 viviendas particulares habitadas 21,848,485 contaban con televisión, es decir, el 91% de las viviendas en México tenían, por lo menos, un televisor.
Hoy en día, la familia mexicana ya no acostumbra reunirse para disfrutar de algún programa en la televisión; un gran porcentaje de la población tiene más de uno de estos aparatos en casa, lo que hace que ya no sea necesario reunirse. Muchas veces, el niño dispone libremente del televisor, ya que es común que éste también cuente con uno instalado en su habitación, lo que hace que tenga la posibilidad de prenderlo a cualquier hora y ver cualquier canal sin que los padres de familia se enteren de lo que hace.
Giovanni Sartori dice que "el problema es que el niño es una esponja que registra y absorbe indiscriminadamente todo lo que ve (ya que no posee aún capacidad de discriminación). Por el contrario, desde el otro punto de vista, el niño formado en la imagen se reduce a ser un hombre que no lee, y, por tanto, la mayoría de las veces, es un ser "reblandecido por la televisión", adicto de por vida a los video-juegos". Aquí, Sartori se refiere al niño menor de tres años y las posibles consecuencias que esta situación puede traer consigo.
Pero, ¿qué pasa con el niño de una edad más avanzada, qué pasa con el que ya tiene una formación más sólida, con el que tiene la capacidad de hacer una diferencia entre lo bueno y lo malo? Se dice que la televisión convierte en pasivo a cualquiera de sus receptores y esto no excluye al niño.
Pensar que el niño absorbe de la televisión cualquier cosa, independientemente de si ésta es buena o mala, sin pasar por un mínimo proceso de reflexión resulta una afirmación muy aventurada. Guillermo Orozco explica que investigaciones en México han demostrado que "la relación entre el niño y la televisión no concluye al apagar el televisor... el niño no sólo está activamente involucrado con la televisón mientras está frente a la pantalla, sino también después, en sus juegos infantiles (por lo menos)".
Orozco, también dice que "el que la relación del niño con la televisión no esté circunscrita al momento de sentarse frente a ésta, sino que se extienda a otros momentos de su vida cotidiana, hace que esta relación sea aún más susceptible de mediaciones. La existencia de mediaciones provenientes de distintas fuentes y en distintos momentos implica que la relación entre el niño y la televisión sea básicamente una relación de negociación".
Creer que el niño no es capaz de razonar lo que ve en la televisión puede ser un verdadero error y tal vez se estaría desperdiciando una importante posibilidad de utilizar este medio no sólo para el entretenimiento sino para educar a muchos niños mexicanos. El niño ve y desarrolla una serie de asociaciones que dan como resultado un significado, esto hace que el niño sea un receptor activo, o por lo menos, uno no tan pasivo.
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